La Espiritualidad desde la Psicología.

Autor: Lcda. Mayre Dictamen

La espiritualidad es un concepto muy amplio, existen muchas formas de practicarla, cada persona tiene la capacidad de crear su propio concepto de espiritualidad, dentro de este ámbito existen diferentes dimensiones que se caracterizan por ser esenciales en el ser humano junto con la física, la emocional y la mental. La palabra espiritualidad tiene su etimología en el vocablo griego “espíritus”, para los griegos se trataba del alma, cuyo significado era “aliento”. Por lo tanto, se puede definir a la espiritualidad como la cualidad de relacionarnos con lo inmaterial, conectarnos con nuestra verdadera esencia, es la conexión con una respiración o el aliento consciente a mi ser interior, que en definitiva es la vida.

Para los grandes filósofos de Grecia Antigua, el cuerpo era un cascarón vacío cuando lo dejaba el espíritu, por lo tanto, era más importante cultivar el ser interior. En todas las religiones y filosofías el alma o espíritu es inmaterial, pero también inmortal. Por lo que se concluye que vale la pena enfocarse en eso que trasciende y permanece. Esta, se basa en la profundización del trabajo interno, también configura la religiosidad en base a una guía. Es decir, una manera en la cual el ser humano logra establecerse en el autoconocimiento y creencias históricas o simbólicas que enriquecen el sentido de su vida.

Esta definición de espiritualidad se basa en nutrir las sombras, entendiendo que abarca los miedos, traumas o heridas de la infancia las cuales residen dentro de nuestra psique y que no sabemos comunicar, identificar o explicar pero que establecen los rasgos de nuestra personalidad. Un rumbo, un tipo de destino que interactúa permanentemente con los arquetipos y los aprendizajes con los cuales nos formamos, es decir, las bases de nuestra personalidad.

Según Estrada (1992), define “la espiritualidad como la vida según el espíritu, es decir, la forma de vida que se deja guiar por el espíritu de Cristo”. Esto es directamente un acercamiento matizado con el ideal cristiano, donde la espiritualidad responde a un proyecto de vida trazado a la luz de la acción del espíritu de Dios. En este sentido, ser espiritual, es vivir bajo la guía de Dios a través de lo que su espíritu comunique al creyente.

Para ken Wilberg La espiritualidad es transformadora, auténtica, es por tanto, revolucionaria. No legitima el mundo, sino que rompe con él, no consulta al mundo, sino que lo desarticula, y no se ocupa de satisfacer al yo, sino de trascenderlo.

Todos estos pensamientos se adaptan a las diversas formas que el ser humano puede reconstruirse en sí mismo cuando deja de limitarse por sus creencias, cuando se enfrenta al trabajo de sus sombras, lo que significa el aceptarse y comprenderse para comenzar a trascender. Además, impulsa a reconocerse a sí mismo como un reflejo del mundo y viceversa, con lo cual se enriquece el mundo espiritual y el accionar como sociedad. Como lo define Carl Jung, “Mi vida es la historia de la autorrealización de lo inconsciente”

Para Quinceno y Vinaccia (2009) la espiritualidad es conceptualizada como una búsqueda personal que dará un entendimiento a las respuestas de las últimas preguntas sobre la vida, su significado, y la relación con lo trascendente o sagrado, lo cual podría conducir o no al desarrollo de rituales religiosos. Luego de realizada su investigación, estos autores (Quinceo & Vinaccia, 2009) llegan a la conclusión que los estados a los que se arriba con prácticas de espiritualidad y religión, léase técnicas de relajación, imaginería, meditación o soporte social, favorecen a la salud física y mental y a los procesos cognitivos, tanto en los aspectos referidos a ellos mismos, con los demás y con el futuro. Por lo tanto, las prácticas antes mencionadas, podrían ser utilizadas como estrategias terapéuticas en procesos psicológicos multimodales.

El Desarrollo espiritual expuesto por Ken Wilber señala que existen cuatro estadios o fases del desarrollo espiritual; La creencia, La fe, La experiencia directa, La adaptación permanente. Las dos primeras van relacionadas con un proceso de aprendizaje por el cual pasan todas las personas, que son parte de una religión, pero las otras dos van relacionadas con un trabajo personal del buscador de la verdad que va de regreso a su conciencia divina.

La comprensión y aceptación de esta conciencia va relacionada con el sentimiento de merecimiento y accionar en función al bienestar, es decir, lo que me haga sentir bien y descubrir que existen placeres mayores. El sentirse bien es una forma de autocuidado físico, emocional, psicológico y social, es comprender que sentirse bien es estar en armonía con tu último pensamiento, que tu última palabra fue sabiduría, y que tu última acción fue amor.

Los maestros dan herramientas y técnicas que ayudan en el camino, pero definitivamente esas técnicas son ayudas, no son el camino. El cómo se ocupan las herramientas, es responsabilidad de cada ser.

En el desarrollo espiritual, la conciencia lo es todo, la conciencia es la base de toda verdad y, por lo tanto, de toda espiritualidad verdadera. La espiritualidad es un estado del Ser, que no puede ser enseñado, pero puede ser transmitido viviendo continuamente en ese estado, conscientes de la unidad con la totalidad. Este estado de amor, paz y alegría es percibido por las personas que te rodean, produciendo un cambio en la forma de ver y actuar en el mundo. El desafío real es sentir la unidad en cualquier momento de la vida. la verdadera espiritualidad, es la espiritualidad del día a día, la que está implicada en la vida cotidiana de cada persona.

Dentro de este orden de ideas, ir comprendiendo y desarrollando nuestra espiritualidad se comienza a experimentar un Bienestar subjetivo muy arraigado a la sensación de bienestar psicológico y emocional que experimenta la persona.

McPherson, 2001, por medio de una investigación muestra la interrelación que existe entre la espiritualidad y el bienestar subjetivo, ya que se puede observar la correlación positiva entre la Religiosidad Intrínseca y algunos de los indicadores del Bienestar Psicológico, los cuales han demostrado influir en el Bienestar Subjetivo (Blaine & Crocker, 1995; Ventis, 1995). A su vez, Rodríguez Fernández (2011) considera que tanto la Religiosidad como la Espiritualidad dan una orientación positiva en la vida de las personas, ya que favorecen a actitudes introspectivas, proporcionan esperanza, sentido a sus vidas.

En este sentido, Veenhoven (1984) define el bienestar subjetivo como el grado en que una persona juzga de un modo general o global su vida en términos positivos o, en otras palabras, en qué medida la persona está a gusto con la vida que lleva.

Westgate (1996) por medio de sus investigaciones revela el vínculo que existe entre la “la falta de Espiritualidad y niveles más bajos de Salud Mental, cuando la persona opera desde un sistema de valores intrínsecos que guían la vida y las decisiones” en este orden de ideas McPherson (2001)  expone que la Espiritualidad ayuda a las personas a encontrar profundos significados en las experiencias de su vida, la espiritualidad conforma un mapa de valores, donde las personas pueden discriminar lo que es importante de lo que no lo es, acompañando a las personas a tener actitudes y sentimientos más positivos y constructivos ante la vida.

Relaciones entre espiritualidad y Bienestar subjetivo Es complejo el intento de relacionar ambas variables dada la cantidad de conceptualizaciones encontradas sobre los constructos, especialmente sobre la Espiritualidad (McPherson, 2001). Sin embargo, una investigación muestra que podría existir una relación indirecta en la Espiritualidad y el Bienestar Subjetivo, ya que se puede observar la correlación positiva entre la Religiosidad Intrínseca y algunos de los indicadores del Bienestar Psicológico, los cuales han demostrado influir en el Bienestar Subjetivo (Blaine & Crocker, 1995; Ventis, 1995). A su vez, Rodríguez Fernández (2011) considera que María Jimena Nogueira.

Se encontró que prácticas espirituales como la oración, los mantras o la meditación, que se encuentran comprendidas en el Cumplimiento de la oración, el cual es un componente de la Trascendencia Espiritual (Piedmont, 1999), colaboran a tener un mayor Bienestar Psicológico, paz interior, a encontrarse con uno mismo y a buscar la trascendencia. Estas prácticas además favorecen con frecuencia a la sensación de emociones positivas como mayor autoestima, compasión y sentimientos de esperanza (Rodríguez-Fernández, 2011).

En modo de conclusión el camino de la espiritualidad va estrechamente relacionado con el bienestar psicológico y visto desde este enfoque orienta al paciente o a la persona a potenciar su verdadera esencia, generándole salud mental, equilibrio en sus emociones y pensamientos pues este camino de espiritualidad va enmarcado por potenciar mis valores, creencias para lograr una consciencia más plena, a través de métodos como la atención plena, la respiración, el yoga, los mantras son algunas de las herramientas que se pueden ir desarrollando en el camino espiritual para volver al centro y conectarse con uno mismo.

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