Autora: Glendys Daniela Pinto Alfonzo

Para iniciar este recorrido por el tema seleccionado para esta investigación, primero daremos un paseo por la biografía del Maestro Bert Hellinger el creador de lo que hoy conocemos como las Constelaciones Familiares.
Bert Hellinger nació en Alemania el 16 de diciembre de 1925. Tenía un hermano mayor y eran hijos de una ilustre familia católica. Hellinger considera que su familia y los primeros años de vida, fueron de gran influencia en todo su trabajo posterior.
Estuvo en la guerra y también fue prisionero en un campo americano en Bélgica.
Desde su niñez, deseaba ser sacerdote. Y esta fue la otra gran influencia que tuvo en su trabajo con el desarrollo de las Constelaciones Familiares. A los 20 años ingresa al seminario. Estudió Filosofía, Teología y Pedagogía. Decide terminar sus estudios en Sudáfrica para empezar a ejercer su vocación entre la tribu de los Zulúes.
Permaneció con ellos durante 16 años, y esta convivencia reafirmó sus ambiciones en cuanto al trabajo futuro. El respeto a los mayores que había aprendido en su familia, se vio confirmado por la cultura de esta tribu. Gracias a su convivencia con varias culturas, en el tiempo que permaneció en Sudáfrica, aprende a tomar otra conciencia con respecto a los valores culturales y éticos.
Estando participando en una dinámica de grupo en su misión, uno de los instructores le preguntó en el grupo: “¿Qué es más importante para ti, tus ideales o la gente? ¿Cuál sacrificarías?”. El instructor les pidió a todos que meditasen acerca de la pregunta durante toda la noche y recién al otro día den sus respuestas. Hellinger paso la noche sin dormir, y más tarde, comentó: “Le fui muy agradecido por haberme hecho esa pregunta. De alguna forma esta pregunta cambió mi vida. Pues esa orientación fundamental hacia las personas ha dirigido todo mi trabajo desde entonces. Una pregunta digna de todo”.
Luego de esos 16 años, regresa a Alemania y abandona los hábitos. Descubre la Gestalt. Explica que gracias a este ejercicio descubrió que el sacerdocio para él había terminado definitivamente. En Alemania, luego inicia su formación psicoanalítica.
Junto a su esposa Herta, integró lo que había aprendido de la Dinámica de Grupo y el Psicoanálisis con la Terapia Gestalt, la Terapia Primal y el Análisis Transaccional. En esos momentos, la pareja se formó en varias terapias breves y sus intervenciones eran cada vez más certeras. Sumaron luego, distintas formaciones en terapias sistémicas familiares. El libro de Ivan Boszormenyi-Nagy, Lealtades Invisibles, su reconocimiento de las lealtades ocultas y su necesidad de mantener un equilibrio entre el dar y el tomar en las familias, les impactó y fue de importante aporte a las constelaciones Familiares.
Continuaron el trabajo en la Terapia Familiar y en Hipnoterapia y PNL.
Gracias a su percepción fenomenológica, va tomando conciencia de lo que hay detrás de la realidad aparente, detrás de los conflictos y del sufrimiento, detrás de la paz y la felicidad. Trabaja en y con los campos morfogenéticos, descubriendo las leyes sistémicas del amor, los “Órdenes del Amor”, el papel de la conciencia y la dinámica del movimiento sanador.
Hacia 2003, Bert distingue entre movimiento del alma y movimiento del espíritu. Los movimientos del alma serían los movimientos de la conciencia, de lo que crea las intrincaciones y compensaciones arcaicas. Mientras que el movimiento del espíritu es la conexión con una energía en movimiento, una energía de amor que procede de fuera, de más allá de lo sistémico y que hace fluir la fuerza sanadora en la Constelación. De ahí nacen las Constelaciones del Espíritu o Nuevas Constelaciones, como le gusta a Bert llamarlas. Son constelaciones en las que el constelador conecta con algo más grande y deja hacer. La eficacia es cada vez mayor y más global.
Ahora bien, el fundamento de donde parte su gran aporte como se mencionó anteriormente se basa en los Órdenes o leyes del Amor, las cuales veremos a detalle a continuación.
Cuando Bert Hellinger habla de “órdenes del amor” se refiere a las reglas que se mantienen en los sistemas familiares a lo largo del tiempo, aunque sus miembros crezcan o vayan cambiando por nacimientos, muertes, parejas que se formas o se rompen, etc.
Primer Orden. La Jerarquía
En una familia es importante la función del tiempo, que define quién ha venido antes y quién después. Esto conforma un orden. Hablando metafóricamente, los ancestros son más grandes que los padres, y los padres son más grandes que los hijos. Quien ha venido antes tiene prioridad y tiene más derechos que aquellos que han venido después. Prevalece quien llegó primero. Este orden habla de la jerarquía en función del orden de llegada al sistema familiar. Bert Hellinger dice que lo que ayuda a alcanzar la felicidad, es que cada cual esté en el lugar que le corresponde, que los padres ocupen el lugar de los padres y que los hijos ocupen el lugar de los
hijos. En este sentido se dice que los padres son los grandes frente al hijo.
Segundo Orden. La Pertenencia.
Todos los miembros de un sistema familiar tienen los mismos derechos de pertenecer a él lo que significa que merecen ser reconocidos y mirados como parte de ese sistema.
Los sistemas familiares no admiten la exclusión de ninguno de sus miembros tanto los vivos como los muertos tienen un lugar en el sistema. No importa lo que haya hecho, tienen derecho a un lugar digno en el sistema.
Ningún miembro de una familia puede ser apartado o marginado por ser alcohólico, drogadicto, prostituta u homosexual, ni debido a su estatus económico, cultural o social, ni tampoco por ideas políticas, sus creencias, su raza o su color.
Mis hermanos no nacidos, también pertenecen, les entrego su lugar y su destino.
Tercer Orden. El Equilibrio.
La Ley del Equilibrio es el orden del amor que establece que el dar y el recibir deben estar equilibrados.
Cuando uno debe dar más que el otro la relación está perturbada. Ella necesita ese equilibrio.
En relación con el equilibrio existe algo más a lo que debe prestarse atención. La necesidad de equilibrio debe marchar junta con el amor y de cómo de esa manera crece el intercambio.
El dar y tomar entre padres e hijos es diferente al dar y tormar en la relación de pareja.
A nivel de generaciones podemos observar que una generación da y la siguiente toma, y lo que recibe lo pasa a la próxima generación. Entre padres e hijos equilibrar la cuenta no es posible. Aunque también los padres reciban algo de los hijos, no se puede compensar el hecho de haber recibido la vida a través de ellos.

El regalo más grande que se ha recibido jamás es la vida misma que de mis padres. La «deuda» se alivia a través de lo que uno da a los propios hijos, o de otra manera a la comunidad, pero equilibrar la deuda con los padres es imposible y sólo conlleva la desubicación de uno mismo.
Finalmente, y uno de los aspectos más importante a tener en cuenta, luego de la comprensión de los órdenes o leyes del amor, es que el Maestro Bert refiere que, al transgredir estas normas, se rompe el orden y el equilibrio del sistema, lo que puede convertirse en origen de conflictos o patologías a nivel psíquico, físico o de relación.
Entonces ¨El amor es una parte del orden, el orden precede al amor y el amor únicamente puede desarrollarse en el marco del orden, el orden nos viene dado. Pretendiendo invertir esta relación, queriendo cambiar el orden a través del amor, se fracasa forzosamente, es imposible. El amor se subordina a un orden y después se puede prosperar, de la misma manera que una semilla se hunde en la tierra para crecer y florecer allí. Bert Hellinger.
Implicación Todo es perfecto tal y como es.