Uso de psicodélicos en contextos terapéuticos.

Escrito por León A. Sánchez.

Después de un gran silencio que se prolongó de 3 a 4 décadas alrededor del estigma negativo impuesto a la medicina psicodélica, hace ya unos años que las sustancias psicodélicas han vuelto a ser observadas y estudiadas. Resultados prometedores en los estudios con psicodélicos obtenidos en los años cincuenta y sesenta, y el trabajo de fundaciones y asociaciones como la Multidisciplinary Association for Psychedelic Studies (MAPS) han provocado el movimiento bautizado como “renacimiento psicodélico”.

Una de las teorías propuestas por MAPS es que la psique tiende a sanarse si se siente cuidada. Es decir, que reside en nosotros una inteligencia sanadora, que en conjunto con el fármaco psicoactivo guiará al consultante hacia aquello que necesite para poder sanar. Mayormente, a través de experiencias místicas o incluso transpersonales, como experiencias espirituales, psíquicas o perinatales. La mejoría de los síntomas clínicos se relaciona con la intensidad de esa experiencia. Parece ser que el potencial terapéutico de estas sustancias va más allá de sus efectos farmacológicos, sino más bien esta en el resultado de lo que uno experimenta durante el estado alterado de conciencia.

Para esto, la participación de emociones difíciles son parte muy valiosa del proceso sanador. Se sugiere que, en vez de rechazarlas e intentar suprimirlas, se les invite a la experiencia para, con apertura y curiosidad, poder procesarlas durante el estado alterado de conciencia, y explorar que información podrían estar ofreciendo. Con esto llega también, la revelación de que no estamos compuestos únicamente por nuestras partes dañadas, sino que estas son solo una fracción del ser que intentan cumplir una función determinada, esta revelación es de gran ayuda para aceptar dichas partes e integrarlas a nuestra conciencia.

Durante la experiencia mística hay una disolución absoluta del yo, acompañada de una inefable sensación de conexión con el todo; y ante este todo, aparece un sentimiento de reverencia y gratitud.

Los resultados de diversos estudios apuntan a que los psicodélicos desconfiguran la red semántica de una forma que aumenta la capacidad asociativa del cerebro. El cambio en la configuración de la red semántica tiene un impacto en la naturaleza de las representaciones y la percepción de estas. Es decir, significados que a diario manejamos se deconstruyen, pierden su familiaridad habitual; creencias que antes dábamos por ciertas son cuestionadas facilitando el surgimiento de realizaciones profundas que transforman nuestra manera de entender las cosas al permitirnos pensar “fuera de la caja”.

Esta deconstrucción y revisión de creencias no tiene límites, llegando a la creencia más fundamental de todas: la creencia sobre uno mismo.

Durante la deconstrucción de esta creencia, se deja de percibir la experiencia consciente a través de las lentes habituales de la identidad, la identidad propia.

Es decir, el yo como sujeto observador de la experiencia permanece durante ella, más el yo como objeto percibido, el yo semántico que contiene las cualidades de uno mismo se vuelve más y más flexible hasta desaparecer, hasta dejar de tener sentido.

La experiencia psicodélica puede ser terapeútica para personas con identidades atrapadas en conductas y pensamientos dañinos. A través de la experiencia, la persona puede liberarse momentáneamente de las cadenas habituales de su mente. Esto permite la transformación y liberación de creencias desadaptativas de uno mismo, de los demás y del mundo. Esta experiencia podría ser vista como una transformación identitaria.

Para abordar con mayor cercanía la psicoterapia acompañada con psicodélicos, es importante primero, tener clara la intención de ella; la cual es llevar a cabo un proceso psicoterapeútico facilitado, en este caso, por un coadyuvante psicodélico.

Tenemos que incidir en el hecho de que el coadyuvante farmacológico no está ofreciendo unos efectos terapéuticos predecibles y en los cuales la subjetividad del individuo permanezca en un segundo plano, como en el caso de los fármacos y medicamentos comunes. Aquí tendremos que atender especialmente los contenidos psicológicos y experienciales, pues se ha propuesto que son los causantes principales de los beneficios terapéuticos.  

Dicho esto, el rol del terapeuta en esta rama de la psicoterapia es muy particular. Su rol es acompañar el proceso y ofrecer seguridad, para lo que es fundamental mantener una presencia empática en todo momento hacia el consultante. Y siempre dándole una primera oportunidad al estado alterado de conciencia para proveer al consultante la información que necesite. Tendrá que adaptarse continuamente a las situaciones que se presenten en las sesiones, existen diversas directrices que podrán aplicarse de forma general, como la capacidad para mantener y transmitir en todo momento un estado de calma, no juzgar ninguna conducta o verbalización, no atender otros asuntos durante las sesiones, sostener la atención en el presente y en lo que le ocurre al paciente en cada momento, entre otras.

Sobre el proceso terapéutico, la terapia psicodélica deberá empezar, necesariamente, sin la administración de sustancias. Deberá haber un período previo de unas 2-3 sesiones como mínimo, en las que se establecerá la relación terapéutica, garantizando que ésta se caracterice por una plena confianza mutua. También se preparará al paciente para la sesión farmacológica, informándole sobre los efectos de la sustancia y las características de la experiencia, brindándole estrategias de afrontamiento, estableciendo los objetivos terapéuticos, pactando las condiciones de manera conjunta o resolviendo dudas.

Bajo dichos estados los pacientes pueden manifestar un amplio abanico de reacciones: catarsis emocionales, ansiedad, experiencias cumbre, labilidad emocional, etc. Asimismo, durante los estados psicodélicos es común que el material psíquico emergente se manifieste en forma de experiencias cargadas de simbolismo.

Se conoce con certeza la relevancia de los factores extrafarmacológicos cuando se consume cualquier psicodélico. Podemos hablar de una ecuación donde la personalidad del paciente, la del terapeuta, la relación entre ambos y el set & setting, entre muchos otros. lo que se denomina el «set» (predisposición y preparación) y el «setting» (entorno y contexto) de la persona.

Esto se logra a través de la implementación de los cinco principios de reducción de daños:

  1. Información: acerca de la sustancia, del tipo de terapia.
  2. Intención del viaje: paradójicamente, se trata de definir un objetivo para las sesiones, sin hacerse expectativas de ningún tipo.
  3. El contexto adecuado: tener las condiciones idóneas para alcanzar el propósito.
  4. Estado de la persona: esto involucra el estado físico, energético, emocional y mental.
  5. El guía: El guía ha de contar con una serie de herramientas para la orientación y desarrollo óptimo del proceso de los participantes.

El proceso psicoterapéutico deberá finalizar también sin la administración de sustancias, pues una adecuada integración y elaboración del contenido de las sesiones es un factor fundamental para el éxito terapéutico.

La integración de la experiencia psicodélica es uno de los aspectos que hace que estas vivencias contengan un valor terapéutico, por lo que marca una diferencia respecto del uso de estas sustancias en un contexto recreativo. La integración consiste en un proceso

que se configura a partir de diversos momentos y elementos, entre los que destacan: el recuerdo de lo experienciado durante la sesión, el ejercicio de poner palabras a lo vivido o a expresarlo artísticamente, interpretar los aspectos simbólicos que emergieron durante el estado psicodélico o la puesta en práctica de ciertas modificaciones en la vida cotidiana.

            La psicoterapia acompañada de psicodélicos se trata de un nuevo enfoque terapéutico en el que el contexto, así como la experiencia subjetiva del paciente, cobran un especial protagonismo por ser variables determinantes en el éxito terapéutico.

Escrito por León A. Sánchez.

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