
Por Rodríguez Echeverría, José Antonio
A partir de lo que, en un pasado fue la inquietud surgida al observar la dinámica de poca participación en diferentes actividades asociadas con el crecimiento personal por parte de compañeros del género masculino y, al observar como este fenómeno se ha ido transformando en los últimos años fue gestándose el interés por explorar las variables que lo han hecho posible.
Y como eje central y origen, era necesario tener información acerca de lo que entendemos como masculinidad, encontrando lo que en su libro “Masculinidad Sagrada“, nos comenta Álvaro Bonilla:
“La masculinidad ha experimentado cambios significativos desde la revolución industrial, enfrentamos nuevas formas de relacionarnos con los otros, es posible decir que hoy nos encontramos más solos, aunque socialmente pareciera que debemos tener todas las preguntas resueltas. Se nos exige ser valientes, emprendedores y decididos. Pero en realidad nos encontramos en muchos momentos de la vida confundidos, con muchísimas preguntas en la cabeza y sin encontrar la forma que define nuestro carácter.
La masculinidad no viene determinada por la genética simplemente, no te la ganas simplemente por tener tus cromosomas XY. La masculinidad necesita de lo psicológico y de lo espiritual para desplegarse verdaderamente. La masculinidad es una posición y una actitud frente al mundo, y también es una visión, un propósito de trascendencia a través de tu ser hombre.
Ser Hombre implica conocer dos lados diferentes: por una parte un lado luminoso, pleno, poderoso, pero a la vez sabio, tranquilo, sensible y autentico, un hombre dispuesto a luchar, valiente, que se sabe merecedor del lugar que ocupa en el mundo y del aire que respira. Pero, por otra parte, un lado oscuro, un hombre que aun no expresa su masculinidad y es servil, o quizá violento, tan radical como para no poder conectar con otros, o quizá tan suave que no es capaz de protestar cuando alguien lo irrespeta.
Cada lado de la masculinidad tiene un mensaje que dar, y debemos ser conscientes de la luz y la oscuridad que estamos ofreciendo al mundo y a nosotros mismos, tendremos que aprender a lidiar con ambas caras de nosotros mismos, dejando el miedo a expresar la luz o a las contradicciones que trae consigo la oscuridad.
En la época del pueblo romano, se hablaba de un “espíritu viril” el cual no era lo mismo a la “personalidad masculina”, sino que se relacionaba con el llamado ANIMUS (Aliento)……Carl Jung, tomo esta idea del animus en su enfoque psicológico, definiéndolo como el acto de pensar, juzgar, en la acción y en la valoración. Jung pensaba que una de las necesidades psicológicas más acuciante para cualquier persona era reconciliar estas figuras de la psique: ánima y animus, o alma y espíritu.
Es importante para encontrar nuestra masculinidad, recobrar el sentido de lo sagrado, es decir, recuperar una conciencia de la dimensión espiritual.
Y es a partir de esta afirmación que se asume que este cambio de postura responde a la búsqueda de satisfacción de tal necesidad.
En relación a la Espiritualidad, Thomas Moore expresa que “La espiritualidad no se nos da sin esfuerzo, como algo totalmente formado. Las religiones de todo el mundo demuestran que la vida espiritual requiere una atención constante y una técnica sutil, y con frecuencia bella, mediante la cual se mantengan vivos los principios y la comprensión de lo espiritual”
Ahora bien, sigue quedando la incógnita respecto a ¿que es la espiritualidad?
West (2002) reconoció que existe una dificultad constante al describir la espiritualidad, y Wiggins-Frame (2003) advirtieron que hacer el intento de capturar el concepto es, en sí mismo, opuesto a su esencia. Concluyeron que la espiritualidad está relacionada con el significado, el propósito y el valor de la vida, que se puede o no incluir a un ser “superior”. Sperry (2001) ofreció una descripción similar al afirmar que la espiritualidad consiste en una búsqueda personal de sentido de pertenencia y de los valores centrales que influencian el comportamiento. También aportó las nociones de interconexión, trascendencia e integridad. En mi opinión (Ingersol 1994) siguiendo el trabajo del psicólogo transpersonal francés (Vaughan 1995) la espiritualidad debe ser endémica a todo ser humano y debe servir como una fuerza estimuladora de vida.
Miller (2003) se refirió al espíritu como el motor de la vida y a la espiritualidad como la fuerza que impulsa y vivifica al espíritu. “He afirmado, junto con otros autores (Ingersol, 1994; Ellison y Paloutzian, 1982; Moberg, 1971) Que aunque la espiritualidad se puede dividir en componentes de bienestar los cuales deben ser medibles no se ha resuelto el dilema esencial de la limitante que tienen las palabras al describir aquello que las trasciende”.
Tara Bennett-Goleman, considera que “todos deseamos ser felices, nadie quiere sufrir. Dado que el propósito fundamental de la vida es ser felices, lo importante es descubrir que nos causara la mayor felicidad….Por lo general, es la mente la que ejerce la mayor influencia en casi todos nosotros. Por eso, vale la pena tratar de alcanzar la Paz mental”.
Y es así, como a partir de estas diversas opiniones de estos autores y por la experiencia que tengo como participante en un circulo de hombres que puedo concluir en esta aproximación inicial del tema que para los hombres constituye un reto asumir de manera integral ¿Quiénes somos?, reconocer nuestras verdaderas necesidades y permitirnos establecer un propósito y metas que nos conduzcan hacia nuestro bienestar.
Vemos con agrado el que los cambios que se observan en una mayor participación de los hombres en actividades orientadas a conectarse con su mundo interno representan un despertar de conciencia a lo esencial del Ser y con ello, a reestablecer la conexión con su dimensión Espiritual. Aun queda mucho camino por recorrer pero vemos como ya, se están dando los primeros pasos.
BIBLIOGRAFIA
Bonilla, Alvaro (S/F) “Masculinidad Sagrada” Versión digital.
Frankl, Viktor. (2018) El hombre en busca de sentido.(tercera edición) Herder Editorial, S.L., Barcelona
Goleman, Tara-Bennett (2001): “Alquimia Emocional”. Javier Vergara Editor.
Moore, Thomas (1993): “El cuidado del Alma”. Urano
Woldt, Ansel L.y Toman Sarah M. (2007) Terapia Gestalt, Historia, teoría y práctica. Editorial el Manual Moderno, México.