Las 4 posiciones o actitudes vitales, según el Análisis Transaccional

Escrito por Gwendolyn A. Arrieta G.

El Análisis Transaccional es un enfoque psicoterapéutico nacido en los años 50, su creador, Eric Berne, fue un reconocido psicólogo y médico nacido en Canadá, específicamente, Montreal en el año 1910.

Este sistema de psicoterapia humanista se enfoca en que todas las personas cuentan con tres estados del yo, ellos están en constante interacción y movimiento a la hora de comunicarnos y entablar relaciones con otras personas. Estos estados se conocen como PAN (Padre, Adulto y Niño).

Además de los estados del yo (PAN), en el Análisis Transaccional existen cuatro posiciones o principios existenciales, según Berne, estos son resultado de las primeras decisiones que tomamos sobre nosotros mismos y los demás en nuestros primeros años de vida.

Los principios de vida son sumamente importantes de revisar ya que, de no hacerlo, manejarán de manera inconsciente la vida de cada uno de sus portadores, haciendo que actúen de manera estereotipada.

Las cuatro posiciones vitales se encargan de determinar las creencias que desarrollamos sobre nuestro entorno, las personas cercanas a nosotros y nosotros mismos mientras crecemos. Estas son:

  1. Si yo estoy mal, tú estás bien: Esta visión se desarrolla en el primer año del infante. En este periodo, el niño tiende a acumular sensaciones que lo hacen sentir incómodo o mal, posteriormente, lo hacen percibirse como inferior, indefenso e inseguro, frente a los adultos que lo rodean. Al crecer, estas personas pueden tender a necesitar protección y atención constante, ya que no cuentan con la suficiente confianza en sí mismos.
  • Si yo estoy mal, tú estás mal: Cuando el niño ya es más independiente y capaz de caminar, este puede percibir cómo aquella nutrición y atención que obtenía en su primer año de vida ha disminuido, además los regaños se hacen más constantes, en este instante el infante empieza a sentir que tanto las personas de su entorno, como él, están mal. Al crecer, de mantener esta actitud, podrá desarrollarse una tendencia autodestructiva y apática.
  • Si yo estoy bien, tú estás mal: En los niños que se encuentran entre los dos y tres años de edad surge esta actitud, ya que, al ser constantemente reprendido el infante se autocompensa dándose a sí mismo caricias. Este mecanismo de protección hace que los demás sean rechazados o despreciados. Los adultos que desarrollaron esta actitud tienden a ser perseguidores o salvadores, además no son autocríticos y piensan que siempre tienen la razón, lo cual los lleva a ser dominantes y creerse más que otras personas.
  • Si yo estoy bien, tú estás bien: Esta última, es la única de las actitudes vitales que es consciente, ya que a través del entendimiento y el crecimiento personal podemos tomar consciencia de que tanto nosotros, como los demás tenemos el mismo valor y que la definición de “bueno” de cada uno está determinado por nuestras experiencias de vida y percepción personal.

Según el Análisis Transaccional no solemos quedarnos estáticos en una de estas posiciones, sino que nos movemos contantemente a través de ellas, sin embargo, a través del desarrollo y trabajo personal podremos mantenernos en la última, la cual puede permitirnos mejorar la calidad de nuestras relaciones personales, ya que, si en nuestro interior nos sentimos bien con nosotros mismos, el exterior será un reflejo de nuestro bienestar.

Reconocer cómo nuestro entorno nos moldeó y nos enseñó a actuar de determinada forma desde que nacimos nos permite, ahora, tomar decisiones de manera consciente, decidir cómo queremos actuar de ahora en adelante y trabajar para convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos en todos los sentidos. Cuando nos enfocamos en nuestro crecimiento personal, el entorno pierde importancia, porque sabemos que, si nosotros estamos bien el resto de las cosas también lo estarán.

Escrito por Gwendolyn A. Arrieta G.

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